Será juzgada por la corte Divina.
Su destino será decidio por cada pecado cometido, de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Andwer aguarda su llegada.
Valeria.

— San Miguel

Purgatorio


Valeria, la de gran envergadura y desfachatez; tú que te hallas actualmente en el Purgatorio.

Tus conductas han sido minuciosamente evaluadas y ponderadas por entidades divinas durante el transcurso de tu estancia.

Aunque la espera ha sido extensa, Valeria, y que en ningún momento se te garantizó que el camino sería sencillo; no obstante, aquí te encuentras. Que bendiciones te acompañen. Amén.



Valeria había descubierto la llave que yace en el umbral entre la vida y la muerte, hallándose ahora frente a la puerta. Sin embargo, ante toda puerta se plantea una incógnita, una respuesta que puede resultar inquietante o serenadora, y que en este momento estaba a punto de desvelarse.


San Miguel abre sus puertas, y recibe de forma cálida a Valeria, sin embargo recibe la peor de las noticias; como si de una cuota se tratase, su juicio determinó de forma inesperada, que su entrada al Cielo se le fue denegada, y se encuentra condenada a las llamas del Infierno.


No obstante, en su calidad de Ángel, San Miguel, percibiendo la esencia humana innata de Valeria, empuña un cuerno que resuena a través de todos los dominios espirituales del divino plano en el que se hallan.

Una extraña figura, oscura como la noche, con soles en sus ojos y la cola de una serpiente, se postraría ante ellos.

El ser, con una solemnidad incomparable, inclina su torso hacia el suelo y le permite a Valeria colocarse sobre su lomo.


San Miguel le encarga ser valiente, pues su juicio se encuentra incompleto; habrá de encontrar esa pieza faltante, y en ese momento, su destino sería en lugar de incierto, una historia por profesar.


Recuerde su hogar, recuerde su orgullo, recuerde su dolor, recuerde su dicha y recuerde su final, así como al principio.